Eugenio Mimica: El hijo literario de Tierra del Fuego

En el invierno del año 1977 un joven escritor de veintisiete años sorprendía a la comunidad magallánica con la publicación de un libro de cuentos denominado “Comarca Fueguina”. Se trataba de un volumen que reunía diez narraciones, en donde su autor recreaba distintos aspectos y situaciones a modo de anécdotas, de la cotidianeidad de varios personajes que conformaron el entorno urbano de Porvenir y la vida rural en asentamientos campesinos, campamentos petrolíferos o en las estancias diseminadas en la isla de Tierra del Fuego.

El propio autor se refirió a su vínculo emocional con Karukinka (nombre dado por los indígenas selknam a esa ínsula) haciendo el siguiente recuerdo en el prefacio del texto:

“Fue allí, frente a la inmensa y ondulante pampa de Springhill, donde comencé a dar mis primeros, titubeantes pasos infantiles. Fue allí, en una naciente escuelita de Manantiales, donde intenté las primeras letras del silabario, en tanto afuera, a través de la ventana, una antorcha me distraía con sus rojas volutas, que el viento apuraba en disipar. Y fue también allí, donde más tarde, junto a las ahumadas paredes de un puesto ganadero, y al cotidiano trato con la gente campesina, que mi espíritu se impregnó de la savia literaria”.

A su vez, el periodista y escritor Osvaldo Wegmann Hansen redactó un elogioso prólogo en que parece celebrar la publicación de este libro, como se desprende del siguiente párrafo:

“Para gran satisfacción nuestra, hace poco nos visitó el poeta José Grimaldi, gran amigo y también cuentista (Tierra de Hombres, 1938), mostrándonos un retablo de cuentos. ‘Aquí está – nos dijo -apareció el nuevo cuentista magallánico que esperábamos. Se llama Eugenio Mimica Barassi, y es fueguino’. Así cayeron en nuestras manos los originales de ‘Comarca Fueguina’, que hoy presentamos a los lectores de Chile, como obra de un muchacho que va dejando de ser una promesa, para marchar con trancos firmes, por los claros caminos de la realidad y del éxito”.

El libro sorprendía por el fino tratamiento que conseguía el autor en diálogos, de apariencia superficial, entre campesinos; o la descripción de cualquier acción pueril, en un lenguaje en que todo parecía concatenado. En esencia, Mimica escribía cuentos en esencia rurales empleando novedosos recursos estilísticos característicos de los grandes narradores de la vida urbana. Es lo que percibió el Premio Nacional de Literatura de 1964, Francisco Coloane, como se desprende de la lectura de la misiva que envió a Mimica, el 8 de noviembre de 1977 y que en parte dice así:

“Como José Grimaldi dijo y Osvaldo Wegmann lo escribe en el prólogo, yo confirmo que la Tierra del Fuego tiene por fin su gran obra artística, auténtica, brotada de ella misma con el soplo resurrecto de sus coironales eternos. Como buen o mal chilote, tan discriminado a veces como mis primos hermanos los onas, sólo pasé al galope por el Onaisin de entonces; pero usted con su ‘real semilla didáctica’ sostiene el ‘futuro esplendor’ que hace que nuestros galopes no terminen en nosotros mismos. ¡Salud al relevo!”

El cuento “Una dama para Juan”, el cual pertenece a “Comarca Fueguina” fue adaptado a la dramaturgia y llevado a las tablas un año más tarde. Con el auspicio de la Universidad Técnica del Estado, el taller teatral Lacolet realizó una serie de exitosas presentaciones en octubre de 1978 en el Teatro Municipal José Bohr, de Punta Arenas. Bajo la dirección general de Paulino González, la producción de Luis Andrade, y la dirección de escena del propio Eugenio Mimica, el grupo llevó a efecto una lograda interpretación, con un reparto conformado por Francisco Lillo en el papel estelar de Juan Duvic; Edgar Pulgar en el rol de Vicente Duvic y Luis Andrade como Manuel Díaz; Angélica Arizmendi era Zoila y Cristián Lillo era Ramoncito; completaban el elenco Aldo Sobarzo, como Aldo; Bernardita Dodman como Consuelo y Eduardo Baldomero, que corporizaba a un farolero.

El académico Ernesto Livacic Gazzano sintetizó tiempo más tarde en el capítulo IV de su libro “Historia de la Literatura de Magallanes” dedicado al análisis de la actividad teatral en nuestra región, la propuesta de Mimica:

“En 1978 se estrenó en Punta Arenas su comedia teatral “Una dama para Juan”, como adhesión al Centenario de la Inmigración Yugoslava en Magallanes. La representación estuvo a cargo del Taller Teatral Lacolet. La obra trata de la vida de porvenireños, yugoslavos, buscadores de oro, chilotes, mercachifles, enfrentados a la soledad, trasplantados a sus lugares de nacimiento. La acción transcurre en la capital fueguina a comienzos de siglo”.

En 1979 Eugenio Mimica Barassi editó en Punta Arenas un libro compuesto de cuatro extensos cuentos, o novelas cortas como dirían algunos críticos, llamado “Los cuatro dueños”, texto que al año siguiente fue distinguido con el Premio Municipal de Literatura en Santiago. En esta obra el autor hace a través de cada uno de los relatos, un recorrido histórico por los pueblos originarios de Magallanes. El aclamado ensayista y crítico literario nacional, Juan Antonio Massone expresó de este trabajo: “Cada uno de estos cuentos recoge un fragmento cultural, un ver este mundo desde perspectivas que nos son desconocidas… Los cuatro dueños son algo más que escueta presentación de acaeceres de antaño. Los indígenas o aborígenes son verdaderos dueños de la vida, en ese territorio de australidad nevada, fría, pero siempre apasionante”.

“Los cuatro dueños” fue reeditado en Punta Arenas en 1991; en 2006 fue publicado en Croacia bajo el sello de la editorial Boskovic, con una traducción realizada por el profesor Yerko Ljubetic.

Hace algunos meses, el 16 de septiembre de 2019, el periódico digital El Ovejero efectuó un interesante análisis del libro de Mimica con el título “Los cuatro dueños, el universo originario antes del genocidio”, texto revitalizado ante el discurso indigenista de las últimas décadas, en donde se establece:

“Componen la obra cuatro cuentos extensos (tipo nouvelles), divididos en capítulos: La ballena del alba, Un regalo para Coylema, La piedra ambulante y El témpano roto. Cada relato con protagonistas de los principales pueblos originarios que habitaron la Patagonia y la Tierra del Fuego: yaganes, selknam, tehuelches y alacalufes. Cada cuento, además, transcurre en una estación diferente del año y en este orden: primavera, verano, otoño, invierno. Un círculo que comienza con el florecimiento y termina en la época invernal o el ocaso. Una secuencia metafórica para indicar el inicio, la plenitud, el decaimiento y el trágico final de las razas primigenias australes. (…) Algo más todavía: el autor inventa creencias, leyendas, amores y mitos, y sitúa sus fantasías en una época prehispánica, con personajes que viven sus propias vivencias en tiempos prístinos, no contaminados, no intervenidos, antes de la llegada del llamado hombre civilizado, antes de producirse el genocidio de esos pueblos originarios”.

Labor desplegada en la Sociedad de Escritores de Magallanes

Luego de realizarse en Santiago, en julio de 1980, el Primer Encuentro Nacional de Escritores de Magallanes, se adoptó una de las primeras resoluciones: fundar en la capital austral una filial de la Sociedad de Escritores de Chile y de esta manera, articular a los antiguos autores que integraron el desaparecido Centro de Escritores de Magallanes, junto a los elementos que conformaban desde 1978, el denominado Centro de Escritores Jóvenes.

La organización se fundó en Punta Arenas, el 28 de diciembre de 1980. De inmediato se eligió un directorio encabezado por Marino Muñoz Lagos, presidente; Osvaldo Wegmann Hansen, vicepresidente; Eugenio Mimica Barassi, secretario y José Perich Slater, tesorero.

Eugenio Mimica sobresalió en ese cargo imprimiéndole un sello personal y distintivo. Junto con participar activamente en los encuentros nacionales de escritores magallánicos de 1980, 1982 y 1984, fue uno de los principales editores del Suplemento Literario mensual de Sem, del que se imprimieron setenta y seis números, desde marzo de 1983 hasta julio de 1989. Luego, desde 1985 hasta 1987, ocupó la presidencia de la institución. Bajo su liderazgo, se le recuerda por haber creado y gestionado en 1986, la creación del recordado Premio Literario Nacional de cuentos Antonio Pigafetta, que en sus primeras versiones se realizaba anualmente, en conjunto con el auspicio de la Universidad de Magallanes, y que se mantuvo vigente hasta 2006.

Durante ese período, Mimica Barassi publicó dos nuevos textos. Su propia versión de ¿Quién es quién en las letras chilenas? en 1982, y el reportaje “Travesía sobre la cordillera Darwin: el testimonio de sus protagonistas”, en 1983. Este último trabajo que fue editado por la Universidad de Magallanes, recupera en el formato testimonial la primera e inédita expedición efectuada por miembros del club de andinismo de esa casa de estudios. En su época, lograr un cruce transversal de más de ochenta kilómetros de aquel enorme cordón montañoso, desde el glaciar Nueva Zelandia hasta el margen norte del canal Beagle, en Tierra del Fuego, fue un acontecimiento deportivo catalogado como una proeza por la prensa mundial. Con el correr de los años, el libro de Mimica Barassi resultó ser una guía documentada para la consumación de otras expediciones internacionales. En tanto, el primer texto surgió de una iniciativa emanada de la Asociación Amigos del Libro que consideró editar a siete sobresalientes autores magallánicos. Después, el erudito del folclore chileno, Oreste Plath, ofreció reunir en un solo volumen a los cinco autores que ya habían sido editados, lo que se concretó en 1983. El nuevo texto llamado ¿Quiénes somos? incluyó a Roque Esteban Scarpa, Pepita Turina, Nicolás Mihovilovic, Enrique Campos Menéndez y Eugenio Mimica Barassi, con un prolegómeno de Ernesto Livacic.

Hacia la creación de Meridionía

La irrupción de la novela “Un adiós al descontento” en 1991 supuso un punto de inflexión en la propuesta creativa y estilística de Eugenio Mimica Barassi. Podemos establecer evidentes puntos de contacto entre el argumento y los personajes que perviven en esta novela con todo el trabajo literario y de investigación realizado por el autor en las últimas tres décadas. “Un adiós al descontento”, es en síntesis, la lucha de un grupo de idealistas por conseguir la independencia de Magallanes del resto del país, refundando Punta Arenas como capital de una nueva nación: Meridionía. La obra trajo de inmediato la acogida favorable de la crítica y proyectó la discusión sobre identidad y patrimonio regional como temas de futuro. Ernesto Livacic dijo al respecto:

“Es magistral el modo en que Mimica desenvuelve su discurso narrativo; atrapa nuestro interés de tal modo que sus páginas se leen sin descanso desde la primera hasta la última, pero, a la vez, junto con entretenernos y cautivarnos, nos problematiza e interpela. (…) ‘Un adiós al descontento’ es una lograda radiografía de la angustiante ambigüedad humana y un llamado a mantener vivo el descontento por la escarpada brecha que solemos mostrar entre nuestros proclamados ideales y nuestra pobreza como protagonistas de la historia humana. Si una gran novela es necesariamente una trascendente simbolización, la de Mimica, fuera de toda duda, merece calificarse como tal”.

El magnífico estudio realizado por la doctora en literatura, Lorena López Torres, denominado “Discurso utópico/distópico regionalista en ‘Un adiós al descontento’ permite hilvanar una secuencia a partir de esta novela como se desprende en el siguiente párrafo: “Mimica contempla al ser humano abandonado a su soledad y auto aislamiento, aún en una ciudad que se precia de acogedora, hospitalaria y cercana. La novela se instala entre la esquizofrenia colectiva y la incertidumbre del mañana en un país militarizado y dialoga con otra obra del mismo autor: la serie de cuentos ‘Enclave para dislocados’ (1995) que años más tarde hablará del encierro momentáneo e inspirador, media figura entre tranquilidad y bullicio que se percibe en la coexistencia del habitante y la ciudad”.

Esta preocupación del autor por vigorizar a personajes y tipos humanos escasamente estudiados en nuestra literatura se manifiesta con mayor nitidez en su obra “Tierra del Fuego, en días de viento ausente” de 2004, en que novela por una parte, la solitaria vida del trabajador del petróleo junto con el particular universo de seres que lo circundan, y por otro lado, la lucha que sostiene con la soledad existencial y humana de un paisaje mitológico en el fin del mundo que lo sobrecoge y atrapa, junto a la idea de un retorno a lo vernáculo, que amplía en los nueve cuentos insertos en su libro de 2018, en coautoría con Vesna y Guillermo Mimica, titulado, “Tres de la tribu”.

Otras publicaciones y labor actual en la Academia Chilena de la Lengua

A lo largo de su extensa trayectoria literaria, Eugenio Mimica ha recibido variados premios y distinciones. En 2000 recibió en Punta Arenas, el Premio Municipal de Literatura. Con anterioridad, entre 1997 y 1999 presidió en Magallanes, el Consejo Regional de la Cultura, las Artes y el Patrimonio. Fue uno de los agentes culturales magallánicos que participó en la Exposición Universal de Lisboa en 1998 y en la Feria Internacional del Libro de Madrid en 1999.

Nos detenemos en el silencioso aporte desplegado en la Academia Chilena de la Lengua de la cual forma parte desde el 21 de agosto de 1990. Durante veintitrés años, hasta septiembre de 2013, fue miembro en Punta Arenas para esta prestigiosa institución. Ese año fue elegido académico de número y correspondiente en Chile de la Real Academia Española y, desde 2016, es integrante del Directorio de la Academia Chilena de la Lengua. Durante este último período destacan tres investigaciones de indudable calidad y rigurosidad, editados en los Cuadernos de la Academia Chilena de la Lengua: los ensayos históricos “Osvaldo Wegmann Hansen” (1918-1987); y “Diego Barros Ortiz” (1908-1990). En el primero de los textos mencionados, postula la idea de un Wegmann, como “el padre-escritor del periodismo magallánico”, mientras que en el segundo escrito nos revela las cualidades artísticas y literarias del insigne aviador chileno, folclorista y musicólogo; poeta y narrador; autor de celebradas obras de ciencia ficción e histórico dirigente de la Sociedad de Escritores de Chile.

En 2019 Eugenio Mimica nos compartió un trabajo fundamental: “Aporte a la Bibliografía Literaria de Magallanes” (1908-2018) que profundiza la “Historia de la Literatura de Magallanes” de Ernesto Livacic, enriqueciendo e incorporando a los nuevos autores que han publicado obras y creaciones literarias en los últimos treinta años, incrementando de esta forma, el acervo bibliográfico de Magallanes.

Aprovechamos de saludar a los habitantes de Porvenir en su 126 aniversario recordando a uno de sus hijos dilectos, quien se encuentra avecindado en Santiago hace poco más de una década; un autor que se inició en las letras recreando en Punta Arenas a personajes y escenarios de Porvenir y Tierra del Fuego y que hoy, desde la capital, ha instalado en el corazón de la literatura chilena su discurso rupturista de Karukinka y Meridionía, como un grito de identidad y patrimonio regional.

Fuente: La Prensa Austral

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